Tengo cara de niña pero alma de ninfómana.

Cómo se pueden ocultar tantas cosas juntas.

Es imposible ocultar esa edad que todos me calculan, lo angelical se apodero de mi por fuera, mientras que lo atrevida y pasional hace su apertura en mi interior. Es una lucha de poderes donde no existe ningún tipo de democracia.

 

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Una loba guardada en el cuerpo de una caperucita, sigilosa al pasar por la piel de otro lobo ya domesticado. Aunque después sienta una culpa por lo cometido ya encontré el remedio ante cualquier tipo de remordimiento antes de irme a dormir. Me coloco mis tacones de mujer atrevida y mis anteojos que demuestran tranquilidad, aunque por dentro tenga ganas de salir a revolotear.

 

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Tengo cara de quinceañera de los años 80´ y un alma de ninfómana de las de hoy en día. Y aunque he vivido a mi modo llevo un currículo detrás de mí con muchas líneas escritas de las cuales no me arrepiento y aún sigo sonriendo. Y es que demuestro a pocos lo que realmente llevo por dentro, algo así como una libertad que se asoma con pocos y una edad física que lo hace con todos.

 

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Una cara que refleja la vivencia en esto llamado vida y que muchas veces no sabe lo que quiere para sí, pues vivo y seguiré viviendo a mi manera con todo lo que ella me brinde sin pensar tan si quiera en un por qué.

Un alma tan atrevida como quiera pero tan tranquila como me provoquen ser, la que experimenta y sigue el compás del tiempo, la que en algunas oportunidades se enreda entre sabanas y otra que duerme para descansar.

 

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