Tengo la piel llena de cicatrices que no se ven.

Tengo la piel llena de huellas como la arena en la orilla del mar, y para terminar de verse más hermosa, de cicatrices que hoy conservo completamente como mías pues hacen de mí la mujer que soy ahora.

 

Puedo decir que la mayoría de ellas fue dejada por un viejo amor, al que en su momento quise entregarle parte de mi corazón, amores con aroma de hombre que fueron y vinieron sin medida, pues todo esto ocurrió en la etapa de mi vida donde disfrutaba de una eterna soltería.

 

Y es que tal vez fue mi culpa, dejar que todo ocurriese de manera tan informal, actuaba como el sexo opuesto brincando de flor en flor, creyendo que me comía al mundo cuando en realidad marcaba mi piel de cicatrices al final de día. Siempre estuve falta de amor y era algo que quería completar, rellenar espacios vacíos y ese hueco enorme que quedaba en mi corazón, quise compartir mis domingos por la tarde con alguien y sencillamente no se dio, recibir rosas en mi puerta y eso tampoco nunca ocurrió.

 

Espere y espere haciéndome la valiente en todas estas historias, gritándole al mundo que siempre era yo la fuerte, la aventurera cuando por dentro me moría de una eterna soledad. Fue entonces cuando mi piel empezó a llenarse de cicatrices por todo eso que yo sentía y que de alguna u otra forma termino siendo maltratado por otra persona a la que yo se lo permitía.