Todas las rosas tienen espinas, tú decides con cual sangrar.

Y no es ninguna mentira que somos nosotros mismos quienes buscamos nuestras propias espinas. 

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Todas, absolutamente todas las mujeres somos rosas, como suaves terciopelos que se deben tratar con cuidado. Pero, a pesar de nuestra delicadeza durante nuestro crecimiento se van formando espinas producto de buenos y malos momentos. Espinas que nos da orgullo lucir por todo lo que acarrean consigo, y así como las rosas lucirlas esplendorosas en el jardín es nuestro mayor placer.

 

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Y es que quien está dispuesto a conocernos, nos querrá con o sin ellas. Con nuestro pasado y presente tan o poco arreglado, con la certeza de querer aceptarnos tal y como nosotras lo vamos hacer.

 

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Solo tú decides con cual sangrar, a quien entregar tu cuerpo y mente para que te enseñe lo que la vida le ha enseñado y estar dispuesto hacer lo mismo con esa rosa. Y sin necesidad de sangrar será tu mente abierta a esa nueva persona que ha crecido con la vida y sus acciones, una rosa tan imperfecta como perfecta armada pétalo por pétalo para ser la mujer que es ahora.

 

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No sé en realidad si nacemos con un destino o lo hacemos en el camino, pero de algo si estoy segura, somos nosotros mismos quienes decidimos y elegimos el camino y a la persona, y como dije: aceptando cada parte de ella o de él. Todos estamos hechos de lo mismo, pero en lo particular somos nosotras quienes debemos ser tratadas con un poco más de cuidado y pedirlo siempre y cuando seamos igual con los demás.

 

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