Todas somos flores de jardín, algunas donde se posan más abejorros.

Las erróneas comparaciones que nos nublan la vista y nos borran las acciones.

Sí, acciones que nos identifican y saben diferenciar de las demás, porque por más de que todas seamos flores de jardín, no se posan todas las mariposas por igual.

Somos distintas, musas del mismo creador; no existen mejores que otras pero si algunas repletas de mejores acciones. Las que han construido su camino sin lastimar a los demás, las maduras y honestas que no necesitan de alguien más. Las fuertes que quemaron sus etapas con la suficiente madurez que cada una se merece.

Mujeres con las misma descripción pero con una vida muy diferente y aunque algunas compartan los mismo amores siempre se podrán diferenciar. Tal vez sean estos amores los que encuentran y persiguen en una lo que no vieron en la anterior, pues les parece tan exquisita esta aventura que se creen en el derecho de probar.

De sentir, de conocer y codearse entre la esencia de una nueva mujer, que aunque sea otra flor de jardín tiene algo que la hace ser única y especial. Un brillo, una esencia y su vida que parece un libro; llena de experiencia y de la suficiente madurez para amar de verdad, porque aunque sea fémina como el resto en este mundo siempre tendrá algo muy especial.

Eso que cautivo a alguien que no sabe de comparaciones y que más que solo belleza busca la madurez de todas las estaciones que vive una flor de jardín.