Todas tenemos un amor que recordar.

Todas tenemos un único amor aunque pocas lo queramos reconocer.

 

Ese que guardamos en lo más oculto de nuestro interior y que así queremos esconder, son sus recuerdos los que nos embriagan cada vez que queremos y esto no es más que un daño que nos hacemos. Y si ya no está a nuestro lado es por algo, una circunstancia muy significativa que nos hizo apartarlo.

 

Sin embargo, ese puesto de único amor nadie se lo puede quitar, ha logrado impregnarse en cada rincón de nuestro cuerpo, mente y alma tomándolo como suyo y de nadie más. Es entonces un amor que no se puede borrar, te ha marcado de todas las maneras posibles y aunque trates de distraer tu mente con otra piel, él logra colarse con gran facilidad.

 

Entró para quedarse por un par de años, y quizás sacarlo a flote cuando el cabello se nos tiña de blanco, porque es y será siempre una bonita anécdota que recordar a pesar de que nos allá hecho un poco de daño.

Porque casi siempre esto no importa, dejamos a un lado todo lo gris para recordarlo siempre como lo colorido que fue, tan él; tan exquisito y provocativo, tan caballeroso y varonil; toda esa mezcla que nos hace querer más y más, aunque ya no se pueda, pues solo le queda el puesto del primer y único amor, guardado en nuestro corazón.

 

El que sin importar en qué orden llego está ahí para recordarnos un poco de que se trata el verdadero amor.