Todavía mantengo mi fe en el amor.

Y es que a pesar de las circunstancias por fin entre en razón. Madure en el amor y entendí que una desilusión o una ruptura no son el final de mi vida, si no posiblemente el inicio de una mejor. La vida son ciclos llenos de personas que se vuelven un reciclaje en cada uno de ellos, y sin duda mi vida amorosa fue un ciclo que estoy logrando cerrar para desechar de una buena vez a esa persona que no merece ser rescatada.

 

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No quiero generalizar, pues mi vida amorosa es amplia y mantengo una fe absoluta de que el verdadero amor llegara a mí, por el momento no diría que le apostaría todo, pero si la razón de que existe alguien mejor afuera que espera por un espíritu y un alma como la mía. Alguien que valore cada estructura de mi ser, y que sea tan diferente o igual a mí que nos sintamos a gusto los dos al encajar como un rompecabezas.

 

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Yo aún creo en el amor más allá de la pasión y el gusto físico, la complejidad de lo inexplicable, de sentir algo tan diferente que no puedas describirlo porque solamente lo vives y sientes cuando esa persona está a tu lado. Y es que aún me mantengo en la pelea con mis pensamientos tratándolos de convencer que no todos son iguales, y que ese alguien destinado para mi me sorprenderá en el momento menos pensado.

 

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No sé cómo será, ni su estatura ni su edad. Solo mantengo la firme convicción de que no estaré preparada cuando llegue, solo seré yo con un pasado en mi espalda, el presente en mis manos y un futuro fabricado en mi cabeza, un futuro que tal vez lo incluya a él en última instancia, porque cuando lo encuentre sé que será él y que mi fe por el amor no fue en vano.

 

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