Todo no es tan bonito como parece ser.

Detrás de un rostro que aparenta  ser feliz, siempre hay un sinfín de problemas casi sin resolver.

 

Admiro tanto a esos rostros que caminan por ahí, con su mejor sonrisa y sus mejores consejos a terceros como si nada ocurriese en el mundo de ellos. Personas que prefieren ocultar sus días grises con tal de colocarle un poco de color a los días ajenos.

Y es que todo no es tan bonito como aparenta ser, son personas que prefieren hacerse miles de veces los fuertes antes que decaer; saben de qué están hechos y que pueden soportar todo lo que se presente.

 

Son fuertes y eso es algo que les brota de la piel, saben que a pesar de las miles de tormentas vendrán consigo tiempos mejores, y es eso justamente lo que los arrastrara por un camino muy especial hasta alcanzar los sueños deseados.

 

Esos rostros bonitos que no saben disimular pero que al final logran pasar desapercibidos porque prefieren no hacer sentir mal a los demás. Y así hay muchas personas caminando en este mundo, en el transporte, las que pasan por nuestro lado e incluso nos saludan sin conocernos y esas que al final saben que todo se solucionará.

 

Incluso nosotros mismos hemos pasado por eso, algunos vamos con nuestro rostro de drama por ahí, mientras que otros siguen como si nada  ocurriese, cuando por dentro se están rompiendo en mil pedazos. Y es que cada quien sabe cómo cargar sus rosas llenas de espinas, su propia cruz, sus ganas de dejarlo todo y llorar.