Todo tiene un final escrito con pluma de cristal.

Un final al que no queremos llegar y el cual empezamos a escribir con una pluma de cristal.

 

Un final que duele y se vuelve agua entre los dedos, después de que escribimos y escribimos hasta el cansancio, nos parece injusto entonces que todo se escape de nuestras manos como si nada, en vez de buscar una salida igual de perfecta que toda esa felicidad.

 

Pero no es más que coherencia y de terminar por lo sano algo con lo que ya no se pudo más, algo que nos carcome desde adentro y que prefiere acabarse sin preguntar más.

 

Y es que la mayoría tiene un final que se escribe con pluma de cristal, porque aunque queramos permanecer atados a eso ya no se pudo y no se podrá, todo final duele, y nos carcome muy lentamente hasta sin dejarnos respirar, y por más de que no queramos pasa y es justo y necesario dejar que fluya con el agua del rio.

 

Porque puedo decir que todos los finales terminan doliendo así, nos abren las heridas del pecho para no dejarnos ni tan siquiera respirar, solo por esa misma herida que una vez incluso nos hicimos nosotras mismas. Pero lo que finaliza de alguna manera ocurre porque tras de eso viene una gran fortuna, algo mucho mejor que sin saber qué es hay que déjalo entrar a nuestras vidas fuese como fuese su origen.

No te aferres entonces, y deja que los finales escritos con pluma de cristal te dejen una enseñanza y no una herida visible.