Todo veneno tiene su antídoto. Incluso el amor.

No había espacio para dos, bien podría decir adiós.

Cuando el amor termina, solo queda sacar la espina. Así de simple pues incluso el amor también tiene su propio antídoto. Uno que no se aplica por las venas, ni siquiera se toma y muchos menos tiene una acción rápida sobre nosotros.

 

 

Pues este antídoto solo funciona con el tiempo, llega poco a poco. Incluso debemos dejar unas cuantas cosas en el camino para que pronto llegue. Dejar de sostener lo que una vez nos quitamos para que él o ella se sostuviese.

Dejamos de cuidar poco a poco nuestros sentimientos, solo por ver partir este sentimiento que fue el patriarca de los demás. Entonces, dejamos marchitar con el todos los momentos como las flores sobre la mesa del comedor. Tiempo al tiempo, y menos mal que este existe para disfrazar las dolencias.

 

 

Porque a pesar de que ese antídoto existe, también duele como cualquier otra intoxicación, un proceso jodidamente lento, y si seguimos vivos es porque mucho hicimos para seguir caminando por las calles de la ciudad. Al final los sueños son pocos, y las lágrimas también, los besos ya no hacen tanta falta y lo que una vez creíste tuyo ya no está.

 

 

Ese antídoto llamado olvido, empezó a tener acción. Y quien lo inventó, no era más que un soñador con mucho amor, quien solo dejo pasar el tiempo y se convirtió en consumidor del olvido. El único antídoto para el amor.