Todos me hicieron la guerrera que soy.

Levanto mi bandera de paz, después de tantos sentimientos caídos, batallando sobre mi piel entendí que gane fortaleza y una actitud de indiferencia por todos esos aromas masculinos que llegaron como soldados de guerra a mi vida.

 

 

Me apuntaron con todas las armas que pudieron, lanzando granadas directamente a mi corazón, y yo sin armas, solo las recibía con valor y la certeza de que todo acabaría algún día y me tocaría algo mejor.

Ahora me levanto y el dolor no me hace apretar los dientes, me convirtieron en una guerrera sin uniforme, quien saco miles de veces la bandera de paz, para que dejaran aunque sea un trozo de mi corazón latiendo.

 

 

Entendí que yo fui la ganadora en esta batalla, a las que algunos ni siquiera prestaron atención. Me acostumbre a dormir sola y acostarme sin esperar ni tan si quiera un mensaje, fueron tantos los puñales de indiferencia, que un texto o un directo por alguna red social ahora no me hacen falta.

Todos fueron unos judas, posando sus labios y golpeándome luego con sus acciones en el mismo lugar. La mayoría quizás lo fue así, unos nazis sin principios que solo veían y seguían lo que ellos querían sin ni siquiera pensar en mí. Uno creí, que era el amor de mi vida, pero luego entendí que yo soy mi primer amor y también el peor enemigo, pues acepte que se aprovecharan de mí.

 

 

Pero hoy, después de mil vueltas al final comprendí, que no vale la pena luchar por cambiar ciertas cosas, y que no todas las orugas se convierten en mariposas. Me quiero y me arme de espuelas, olvide que yo era mi propia enemiga pues ellos me hicieron la guerrera que soy ahora.