Un despedida con final feliz.

Creo que todos buscamos y necesitamos esto luego de una relación que nos marcó la vida y la piel de distintas formas.

 

Creemos merecer una despedida con final feliz, una escena de telenovela donde se pierda la cordura y la castidad que vive en nuestras pieles. Y es que queremos cerrar con broche de oro la historia que un día escribimos con alguien más, y no solo por el deseo de saciar nuestra sed, más que eso dejar una huella imborrable en los labios y en la piel de ese alguien que por alguna razón nos llevó a terminar con esa relación.

 

Es como si el cuerpo nos lo pidiera a gritos, mientras que la mente solo lo toma como un deseo de venganza, y puede que sea así; incluso sabiendo que luego podemos volver a caer entre los brazos del que quisimos borrar por completo.

 

Todos, puedo hablar incluso por la mayoría, buscamos esto. Sellar con un final lleno de pasión lo que una vez nos sacudió, incluso cuando no nos queremos ir por completo, y es precisamente es esto mismo lo que nos mantiene pegados a un vicio con nombre y apellido que nos alborota por completo. Pero, cuando no hay marcha atrás solo queda despedirse de la mejor manera y sin tener que esperar más, se dio lo que se pudo y lo suficiente para que el orgullo dijese “hasta aquí” aunque el cuerpo y la piel hablen diferente a esto.