Una buena ninfómana siempre vuelve.

Aquí estoy, tan regia y exquisita como cualquier otra.

No se disimular mis acciones y en pocas palabras esto me importa muy poco, por más de que intento escapar de mis demonios me hacen regresar, estoy en una lista muy especial que no sabría cómo explicar. Regrese, más activa y sensual que el resto de la humanidad.

Así regresamos sin darnos cuenta y aun así nos comparamos con las demás, pero al final de todo este torbellino cada una tiene su propio brillo especial.

Muchas no lo reconocen o no saben cómo identificar, solo puedo decir que encontré el mío y decidí volver andar. Y es que luego de varias caídas, arrebatos y ocasiones grises, me levante entre las sabanas con las alas llenas de luz y matices.

Una luz de brillo azul que brilla en la oscuridad de la noche y se confunde con la grandeza del cielo en los días llenos de esplendor, aparecía de la nada y no dejare de ser yo. Una ninfómana llena de cicatrices, anhelos y pasión; que no solo deja su esencia entre sabanas y alcobas desconocidas.

Volví como lo hacen las mariposas sobre los jardines coloridos y llenos de variedad, tan única y valiente aunque a veces me parece mentira todo lo que he podido lograr. Aventuras y situaciones fuera de lo normal, las que me identifican y me convierten en una persona capaz.

Capaz de cualquier cosa que se me presente y por ello me mantengo fuerte, pues soy una ninfómana de letras que siempre vuelve.