Una historia sin explicación.

Entonces, su mano empezó a subir lentamente por mi cintura. Fue en ese momento en el que me di cuenta debía alejarme.

Existen momentos de frío donde prefieres no calentarte, sobre todo ese preciso instante donde tu blusa se eleva y más que el frió colándose es la suave caricia de una persona que de momento solo está pensando en arrancar lo que llevas puesto.

 

Imagen: Weheartit

 

Dicen que en el amor y en la guerra todo se vale, pero en esta guerra repleta de mucho esfuerzo por ver quien aguantaba más, todo se desvaneció entre miradas. Esas que nos llevaron terrible pero deliciosamente a los besos más esperados en ese lugar y aunque no habían espectadores y mucho menos se podía complacer a alguien más, fuimos en ese momento todo lo contrario a lo que demostrábamos frente a los demás.

 

Imagen: Weheartit

 

En realidad no sé cómo se puede respirar en momentos como estos que te dejan sin aliento. Son canciones que salen de nuestra mente convertidas en susurro para que la otra persona te suelte, sí; estaba sujeta a los brazos de una persona que por cuestión de segundos perdió la cordura por rodear la figura de una dama en ese lugar.

 

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Al final si habían espectadores que no hablaban, que se convertirán en cómplices de esa noche fría para los amores frágiles que de una vez por todas cayeron de ese muro de contención hecho por los dos. Muros que habían soportado mucho, demasiada tensión y tentación, solo que no fue uno de los dos que se dejó llevar por el momento de locura, fueron dos espíritus faltos de algo que el otro completaba a la perfección.

 

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