Tengo una mirada tierna, sin ínfulas de reina.

… pues sé, no tengo sangre azul. 

Una ventana de mi alma, que habla por si sola para demostrar todo lo que por dentro siento. Es inevitable tratar de confundir a los demás cuando ella habla. Desde muy niña ella tomaba la delantera, cuando me obsequiaban algún presente u golosina, en la tristeza, en la soledad de mi habitación cuando poco comprendía el significado de esa palabra.

Imagen: Weheartit

Ella prácticamente con vida propia, me revela al mundo cómo una persona común y silvestre sin ínfulas de reina. Más que una mujer llena de vida, ideales, pensamientos y sueños; la niña que aun sigue jugando en el parque. No la princesa consentida de mamá, aunque ella si es la reina de mi vida quien me enseño a ser humilde pues sabia que no eramos de sangre azul.

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Esa que cautiva con o sin maquillaje al pasar, he dejado a más de un corazón impresionado con tan solo observarlo con un poco de creatividad. Siempre acompañada por esa multitud de rastros que el sol ha dejado en mi, llamadas pecas. Mis fieles acompañantes, mi maquillaje de sensualidad, los tatuajes de la vida que no necesitan ser hechos con tinta.

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Y es que eso tan tierno que llevo en mi rostro en doble proporción, es como un paisaje de esos hermosos que también es gratificante observar. Como la caída majestuosa del agua en la montaña, es cómo si esta llorara pero de felicidad. Y es que ese dúo en mi rostro también suele hacerlo tal cual vez, es la única manera de drenar lo que siento y limpiarme un poco por dentro. Tan perfecta y majestuosa; son dos cristales, dos ojos marrones, es mi mirada tierna.

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