Una mujer tiene estos dos problemas.

 

No tiene nada que ponerse Aunque el closet este repleto de atuendos, accesorios  y uno que otro trapo viejo, nosotras nunca tendremos nada que colocarnos. Es sencillo, nuestras hormonas son las culpables, porque cada vez que queremos combinar algo diferente de nuestro armario nuestro cuerpo nos traiciona y esos kilitos de más lo demuestran frente al espejo, entonces si queremos lucir ese pantalón negro con la blusa rosada –atuendo que no habíamos combinado antes- ya no lo podemos hacer porque ese rollito sobre sale del pantalón y con una blusa de un color tan claro es difícil que esto se oculte.

 

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Entonces ahí la raíz del problema. Justo en ese momento donde nuestra imaginación vuela, nuestro cuerpo nos refleja por otro lado lo descuidadas que hemos sido los últimos días, y quizás las hormonas no tengan toda la culpa. Pero ahí vamos diciendo miles de vez que no tenemos nada que colocarnos cuando ni tan siquiera tenemos espacio para tanto, entonces ahí nuestro segundo gran problema. No tenemos espacio para tanta ropa, no tenemos ni la menor idea de qué hacer con tanto, por más de que queramos colocar orden y quizás deshacernos de algunas prendas no podemos.

 

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Existe algún tipo de apego emocional por ciertas prendas de vestir, incluso si no nos quedan, ahí las guardamos junto con la esperanza de que esos kilos en nuestro cuerpo desparezcan de la nada. Y si, a pesar de repetir una y otra vez cada vez que tenemos una invitación a salir que no tenemos nada de colocarnos, nuestro armario escupe la ropa por los borde de su puerta, así de problemáticas somos.

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