Una muy bonita coincidencia llamada tú y yo.

Ambos somos una bonita coincidencia que lleva nuestros nombres, y es que aunque me llenaba la boca diciendo que no creía en eso llamado destino, hoy puedo dar fe de que entre ambos sucedió algo muy similar.

 

Tan similar que no me canso de darle un poco las gracias a todo eso que nos ayudó a cruzarnos en el camino. Éramos dos espíritus sin abrigo, tu a la deriva de algo que creías era vida al lado de alguien más, con quien tan solo tenías monotonía mientras que la otra persona seguridad, y yo un espíritu libre y con la soledad como única compañía.

 

A ambos nos faltaba algo, los dos vimos en el otro eso que nos faltaba pro complementar, somos tan diferentes y a la vez tan parecidos. Uno dulce como el azúcar y el otro ácido como el limón, pero tal cual como somos nos encantaba buscarnos uno al otro.

 

Nos complementamos, y aunque no crea en las mitades tú te convertiste en ese brazo derecho con el que sé puedo contar siempre, mientras que tú puedes estar completamente al tanto de que siempre estaré presente en tus caídas y desgracias, pues conmigo siempre podrás sumar y jamás restar.

 

En definitiva somos una muy bonita coincidencia llamada tú y yo, la que día a día va creciendo como la espuma y que sin importar los factores externos ha sabido salir ileso. Somos uno solo porque juntos nos movemos siempre hacia adelante, salimos a flote en las peores circunstancias y es que el destino de algún modo realizo su mejor trabajo con nosotros.