Él es una nomenclatura perfecta entre dulzura y perversión.

Es un ángel y un demonio a la vez, tal vez soy yo quien despierta sus más íntimos deseos. Aunque a veces disfruto verlo dormir. 

 

Imagen: Weheartit

 

Y no era solo dulzura y perversión si no una mezcla de amor, ternura y locura, justo lo que yo no era. No sé qué tan cierto sea eso de: “Los polos opuestos se atraen” pero yo soy un polo lleno de misterio y a la vez de diversión, otra nomenclatura un poco exótica perfecta para él.

 

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Somos la combinación perfecta y espero que las predicciones no me fallen. Y no me tomare el atrevimiento de colocarle un nombre a esto si es fácil decidir estando los dos. Soy más auténtica de lo normal cuando estoy a su lado, y no es que complemente algo en mi simplemente hace que mis atributos resalten y que pueda ver como mis defectos también valen.

 

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Él es auténtico, y disfruta la vida como yo. Es una diversidad de gustos y hazañas, y no diría que es mi hombre perfecto pero entendería si algún día quiere irse de mi lado, lo complejo busca lo complejo y creo que por estoy a su lado. Es esa perversión hecha cuerpo que me arrastra a ser lo mismo, me envuelve entre sus brazos fuertes para que cometa pecados llenos de dulzura. Una corrupción en la que no me da pena caer, pues su mente es tan volátil que me hace cometer errores frescos y geniales.

 

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A veces me pregunto si puede existir gente dulce y a la vez perversa, entonces recuerdo que él existe y me dan ganas de seguir cayendo más en ese vacío por el que él me lleva. No me importa si al final de todo esto llegue al infierno porque sé que aunque me queme no es tan malo, su nomenclatura es perfecta.

 

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