Unos lloran con lágrimas, otros con pensamientos.

Todos derramamos lágrimas, algunos más otros menos; lo cierto en todo esto es que hay un pequeño grupo que no sabe cómo liberar toda esa tempestad que vive en sus ojos, y por ese motivo lloran por dentro, con todos esos recuerdos que aparecen para perturbar su calma, para recordarles una y otra vez que algo se les fue, algo que quisieron con el alma.

 

Entonces, lloran los pensamientos como conclusión de unos recuerdos fugaces que aparecen de la nada, son el resultado de algo que se perdió en cuerpo en olor, casi siempre de personas con las que la piel no era más que solo una.

 

Son pensamientos que se caen de ese archivo en el que fueron guardados en nuestro cerebro, reaparecen cada vez que pueden para volver nuestro presente añicos y recordarnos una y otra vez lo que pudo haber sido pero no fue. Lamentablemente nos hacen vivir en un pasado furtivo del que pocos saben cómo diablos salir.

 

Y de alguna manera los envidio por tener la astuta capacidad de poder salirse de ese pasado que los ata, otros al contrario no tenemos ni la menor idea de cómo soltar esa atadura que le encanta tenernos ahí, es entonces cuando seguimos y seguimos llorando pensamientos, recuerdos de momentos, la mayoría felices y se puede decir casi perfectos. Es un luto incansable que llevamos dentro y con el cual a veces preferimos vivir, porque precisamente es eso lo que nos indica seguimos viviendo en este mundo imperfecto.