Voy a cerrarte la boca, la puerta de mi casa, de mi vida y de mi corazón.

Nunca antes pensé sería muy cursi, de esas personas que se aferran desesperadamente a una palabra amor, de las que pueden dar diabetes de tanto cariño que brota de su piel.

 

Pero, después de aferrarme dolorosamente prefiero entonces cerrar definitivamente todo aquello que una vez te abrí y por donde te dejé entrar. Y es que te aprovechaste de mi alama independiente para involucrarte en mi vida hasta tal punto de quererla manejar.

 

Y si, te diste cuenta lo independiente y compleja que era yo para entrar en mi casa sin ni siquiera una invitación. Sigilosamente fuiste entrando poco a poco hasta que sin arrepentimiento alguno te deje que también entraras en mi habitación, te colaste como el agua entre los dedos y con tu dulce lengua pasaste por mi boca para quitarme millones de besos.

 

Y para terminar con broche de oro, terminaste entrando en mi corazón, el que hasta el sol de hoy te sigue llorando solo por dentro. Pero no, fue suficiente para mí, dar tanto y abrir tantas puertas cuando no obtuve lo mismo de ti, prefiero dejarte ir entonces, echarte afuera tal como un intruso que no tiene derecho de disfrutar lo que por muchas veces le di sin titubear, me aburrí de ser el plato de segunda en esta cena, la cómplice y la complaciente que a toda hora tenías para ti.

 

Hoy cierro definitivamente cualquier acceso a mí. Incluso aquel en el que si no te discutiré tu capacidad corporal, pues me hacía llegar al cielo. Pero, no todo es eso y yo necesito mucho más.