Ya asumí el último error. Es hora de cometer otro.

Poco a poco he aprendido a asumir todos los errores de mi vida. Paso a paso estoy aún más segura de mis defectos, que me hacen cometer cada error en eso llamado mi libro de vida.

 

 

Como buen ser humano en esta vida, ya asumí mi último error y exprimí de él cada una de las enseñanzas que ahora contribuyen conmigo a cometer muchos otros, sin ni siquiera detenerme a pensar qué está bien o qué está mal.

 

 

Es hora entonces, de cometer muchos otros. De darle la bienvenida a muchos sueños que caen al piso y se diluyen, y sin embargo los levanto para llevarlos a cabo hasta que se den como yo los quiero. Porque no todos los errores son malos, algunos son las múltiples prácticas de algo que queremos se dé, son metas que no aterrizan.

 

 

Quiero un nuevo presente para no olvidarlo, algo nuevo y sustancioso que fortalezca mi personalidad. Que de tanto hacerlo me ayude a madurar, algo a mi medida, el producto de muchas prácticas que hacen que esta vida vivida tenga sentido en un mundo de imperfección.

 

 

Un error nuevo, puede que sea de carne o solo un verbo. Lo cierto es que no todo son aciertos y que de vez en cuando esos deslices o faltas me seducen a cometer más, me hacen sentir más adrenalina y querer consumir más esta vida. Algunos son solo aventuras con mucho verbo, que me hacen comprender que el mundo no es solo una esfera. No hago otra cosa que seguir a la espera de otro error que cometer.