Ya no quiero más tu apellido en mi nombre.

 

Por un tiempo fui la señora, quien cumplía con todas las normativas y requisitos para cubrir el rol de esposa fiel, la señora de la casa. Tal vez mi error fue entregar parte mi juventud a esta labor.

 

Imagen: Weheartit

 

No me arrepiento de lo que soy, pero si en lo que me he convertido. Estoy harta del buen porte, de ser tu señora, y quien seas tú el que disfrute la juventud que una vez los dos nos juramos ante un altar. Los años han hecho que madure a los golpes, viendo el transcurrir de muchas mujeres de mi edad que están por ahí quemando sus etapas de la mejor manera mientras yo aguardo en casa detrás de una plancha quitando las arrugas de los cuellos de camisa que muchas otras han rozado con sus labios.

 

Imagen: Weheartit

 

Un día decidí tomar el teléfono y llamar a mis amigas de juventud, una salida de esas que hace años no hacía solo fue el detonante perfecto para darme cuenta todo lo que me había perdido. Entre copas, música y unos cuantos caballeros que se acercaban entendí que no solo había perdido mi juventud sino mi libertad.

 

Imagen: Weheartit

 

Esa fue solo la primera salida, pues fueron muchas otras que se transformaron en cenas, almuerzos y unos cuantos desayunos con otras pieles. Empecé a darle forma a esa mujer que por décadas estuvo atrapada en mí, caí en cuenta que un solo hombre no saciaba mi sed menos ese que una vez ame. Por fin era yo, y no me importaba mandar todo por el caño cuando sabía valerme por sí sola, una de las pocas cosas que logre rescatar. Se avecinaba una separación.

 

Imagen: Weheartit

 

Y no era la chiquilla viviendo su época de locuras, era más que eso. Por fin era autentica, lo que en realidad quería ser desde hace un tiempo. Hoy sentada en la orilla de la playa mientras tú piensas estoy con mi familia quiero rotundamente eliminar tu apellido de mi nombre.