Yo no busco perfección, solo quiero diversión.

La perfección hace un buen rato se me escapo de las manos.

Esa necesidad inquebrantable de una relación perfecta salió corriendo incluso de mi vocabulario diario. El hambre por tener todo bajo control y por el buen camino de dios, se desvaneció junto a todas esas ganas de mantener una imagen bañada justo con la misma descripción “perfección”.

Ahora no busco príncipes y menos finales felices donde voy de la mano de alguien más, soy una mortal común y corriente que por un momento busca volver a su niñez, saltar dentro de un castillo inflable donde lo único imaginable es una cama destendida por tantos eventos sin igual.

Solo busco diversión, la magia de lo poco usual. Llenarme de risas, besos y caricias y de vez en cuando de salidas decididas y sin planificar. Quiero liberarme de las cargas del día a día y no prestarle atención a mi cabeza que dice una y otra vez “Haz esto… y nada más”. Quiero pasar del más y hacer algo muy especial, algo que me llene de energía y de mucha adrenalina, que me haga suspirar.

Pues son esos suspiros el resultado de algo bien vivido, con carencia de perfección, y es que cuando más intentamos porque las cosas sean como erróneamente queremos destruimos lo bueno y singular, las vivencias y experiencias que a veces son difíciles de ser contadas, cuando son todas esas cosas in importar el momento o el lugar lo que significa que de verdad estamos vivos, y no solo respirando por respirar.