Yo también fui la amante de alguien.

Hay tantas historias de camino, esas que algunas veces salen entre copas con las amigas, y las que algunas veces escuchas sin querer.

 

 

Muchas son las mujeres que han sido amantes, otras inclusive después de ser las esposas se convierten en las amantes de esos hombres de amor caprichoso y recuerdos reprimidos. Entonces, he llegado a dos conclusiones: las mujeres se convierten en amantes por amor y deseo, o por motivación y como practicante de un deporte extremo.

 

 

Para lo que creo, es más verídica la primera opción, caer sumisas ante los encantos de un hombre que solo se quita la sortija de su dedo cuando esta con ella, el típico hombre que se disfraza de víctima ante una mujer que lo ve con ojos de cordero.

Pero, también está la segunda conclusión, esas mujeres que lo hacen más por sentir la adrenalina corriendo por sus dedos, que incluso ya estas comprometidas y se involucran con alguien que también lo está. Es como si un deseo juvenil las atrapara por dentro sin miedo, a lo que pueda ocurrir. Otras incluso por venganza se convierten en las nuevas amantes de su ex, ese que las engaño con la que ahora es su esposa.

 

 

Si, absurdo y a la vez divertido. Alguna por ahí siempre dirá “Yo también fui la amante de alguien” pero porque lo hizo sin involucrar tanto su corazón, pues quien lo hace poco lo dice con orgullo y aún sus ojos se cristalizan al recordarle.