Yo tengo algo que muy pocas tienen.

Tengo ese “no sé qué” que incluso pocos saben diferenciar, y es que a diferencia de muchas yo no necesito exhibir mi piel, pues para mi es suficiente mostrarme al hablar.

 

Soy de las que escuchan en silencio y saben dialogar, de las pocas que quedan por ahí que no arman espectáculos ni berrinches pues saben cuándo y cómo soportar las cosas más simples que la vida me da. Y aunque no me considero la última coca-cola en el desierto si he sabido calmar la sed de unos cuantos al andar, de los que yo he querido aunque después no quiera más.

 

Tengo eso que ni yo misma se cómo describir, algo que me hace única en medio del resto de mortales que prefieren seguir modas y trucos para atraparse entre ellos mismos. A veces puedo decir que me siento un tanto frustrada por creerme tan normal, cuando en el fondo no es así. Sencillamente nací como muchas, pero ha sido la vida y la crianza las que han forjado lo que soy ahora y nada más importa.

 

Poco a poco he crecido entre espejos que me han hecho lo que soy ahora, trato siempre de ver la vida de la mejor forma y no confundirme por las extravagancias que otros quieren venderme. Y es que deje de sorprenderme con el tiempo, me acepte tal y como soy y es eso justamente lo que transmito a los demás; fortaleza, valentía y decisión. Y estoy segura que también muchas se sienten en mi posición.